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CHICHLEUCHLAUCHRA (1930)

CHICHLEUCHLAUCHRA (1930)
Comentarios a una cartilla1
Apresurémonos a asegurar que este título no pertenece a la nueva
cartilla, sino a una cartillla vieja. Con tales monstruosidades fonéticas
trataban de llegar a los niños las cartillas de los siglos XVI y
XVII. Continue reading ‘CHICHLEUCHLAUCHRA (1930)’

ALABANZA DE LA MUÑECA (1930)

ALABANZA DE LA MUÑECA (1930)
Comentarios críticos a Puppen und Puppenspiele1
[Muñecas y títeres] de Max von Boehn
Los libros de Max von Boehn son de aquellos a los que, de buen grado,
se designa como “fuente de conocimientos”. Continue reading ‘ALABANZA DE LA MUÑECA (1930)’

JUGUETES RUSOS (1930)

JUGUETES RUSOS (1930)
En un principio, los juguetes de todos los pueblos fueron producto
de la industria doméstica. El primitivo caudal de formas del bajo
pueblo, de campesinos y artesanos, constituye, hasta el día de
hoy, una base segura para el desarrollo del juguete infantil. Esto no
tiene nada de extraño. En el juguete está presente el espíritu que da
origen a los productos, todo su proceso de elaboración y no sólo su
resultado; es natural que el niño comprenda un objeto de manufactura
rústica mejor que otro procedente de un complicado proceso
industrial. De paso sea dicho, éste es también el núcleo de la mo-
Caballito de madera. Talla en madera de la
gobernación de Vladimir.
derna y razonable aspiración de fabricar juguetes “primitivos”. Pero
nuestros creadores artesanales no deberían olvidar con tanta frecuencia
que el efecto de lo primitivo no llega a los niños a través de
formas de construcción esquemáticas, sino a través de toda la configuración de su muñeco o perrito, en tanto puedan imaginarse cómo
fueron hechos. Es esto, precisamente, lo que quiere saber, lo que
le permite establecer una relación viva con sus cosas. Y dado que
esto es lo importante con respecto a los juguetes, puede decirse que,
entre todos los europeos, tal vez únicamente los alemanes y los rusos
posean el genio del juguete propiamente dicho.
Modelo en madera de una máquina de coser (trabajo
de campesino). Al dar vuelta a la manivela
el clavo sube y baja, produciendo
el ruido rítmico de la máquina de coser.
Son por todos conocidos, no sólo en Alemania sino en el mundo
entero (la industria alemana del juguete es la más internacional
de todas), los minúsculos muñequitos y animalitos, las casitas de
campo en una caja de fósforo, las arcas de Noé y los rediles de ovejas
que se producen en las aldeas de Turingia y del Erzgebirge y
también en los alrededores de Nuremberg. Pero el juguete ruso suele
ser desconocido. Su producción está poco industrializada, y fuera
de las fronteras rusas apenas se ha difundido poco más que la estereotipada
figura de la baba, ese trocito cónico de madera que, pintado
de muchos colores, representa una campesina.
De hecho, los juguetes rusos son los más ricos y variados de todos.
Los 150 millones de almas que habitan el país se distribuyen
entre centenares de grupos étnicos, y todos esos pueblos poseen una
artesanía más o menos primitiva, más o menos evolucionada. Así
es que hay juguetes pertenecientes a centenares de lenguajes morfológicos
y confeccionados con los más diversos materiales. Madera,
arcilla, hueso, tela, papel maché, aparecen solos o combinados.
La madera es el más importante de esos materiales.
Coche con dos caballos. Talla en madera
de la gobernación de Vladimir (alrededor de 1860).
Casi por doquier existe en ese país de grandes bosques una maestría
incomparable en su tratamiento, en la talla, en la pintura y en el
esmaltado. Desde los sencillos títeres de madera de sauce, blanca
y blanda, las vacas, cerdos y ovejas, tallados en forma realista, hasta
los cofrecillos artísticamente pintados y esmaltados de vivos colores,
en que se hallan representados el campesino en su troika, labradores
reunidos en derredor del samovar, segadoras o leñadores
durante el trabajo, e inclusive grupos monstruosos, representaciones
plásticas de viejas sagas y leyendas, los juguetes y chucherías
de madera llenan negocio tras negocio en las calles más elegantes
Izquierda: samovar (amarillo, rojo y verde) para árbol de
Navidad. Derecha: tamborilero, mueve el brazo
y hace ruido cuando se da vuelta la manivela
de Moscú, Leningrado, Kiev, Jarkov y Odesa. La colección más
grande es la del Museo de Juguetes de Moscú. Tres vitrinas exhiben
juguetes de arcilla del norte de Rusia. La expresión rústica, ro-
Cascanueces. Imitación en madera de
una figura de mayólica.
Gobernación de Moscú (alrededor de 1860)
busta, de esos muñecos contrasta bastante con su textura sumamente
frágil. Pero han sobrevivido sanos y salvos el largo viaje. Y es
bueno que hayan encontrado un asilo seguro en el museo de Mos-
Muñeco de paja, 6 pulgadas de altura (Tobolsk). Se confecciona
en verano durante la cosecha y se guarda seco.
Reminiscencia de un antiquísimo fetiche de mieses.
cú. Pues quién sabe hasta cuándo esa manifestación del arte popular
podrá resistir a la marcha triunfal de la técnica que atraviesa la
Rusia moderna. Dicen que la demanda de ese tipo de objetos se está
extinguiendo, por lo menos en las ciudades. Pero seguramente
estarán todavía vivos, allí arriba, en sus tierras, seguirán siendo modelados
en la casa del labriego, después de la jornada, pintados con
colores vivos, y cocidos.